Después de tener a mi primer hijo, tenía muchos dolores en los pies y en las manos. Había acudido a varios especialistas, pues pensábamos que se trataba de alguna complicación derivada del parto (alguna enfermedad relacionada con hormonas, artritis…). Todas las pruebas dieron negativo, gracias a Dios. El problema es que, 3 meses después de dar a luz, yo seguía igual de dolorida y muy hinchada en pies y manos (no me entraban anillos, ni algunos zapatos).
Mi madre habló del tema con una amiga suya y le recomendó que fuera a ver a Adolfo, pues ella tenía mucha fe en él. Mi madre le llamó y ya, antes incluso de acudir a consulta, nos convenció la explicación que le daba al asunto, muy diferente a las que habíamos recibido hasta el momento. Según él, no se trataba de ninguna enfermedad sino de una hormona, la que se encarga de abrir la pelvis para dar paso al bebé. El tema de las manos se trataba de un problema derivado del cuello que, al estar contracturado, estaba pinzando los nervios que llegan a las manos e inflamándolos.
Efectivamente, tratando el cuello y tratando los huesos de la cadera y el psoas, me solucionó el tema de las manos y de los pies en unas cuatro sesiones.
Ahora, me sigue tratando porque tengo dolor en las lumbares debido a la epidural, que debió de tocarme algún nervio ó cicatrizar mal. La verdad es que ya estoy mucho mejor y seguro que pronto me da el alta.
Lo recomiendo a cualquiera que tenga problemas porque es un profesional y sabe muchísimo del funcionamiento del cuerpo. Muchas veces, no somos conscientes de la cantidad de problemas que un buen osteópata puede solucionar.
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